Slideshow
10.28.2006
León - Girona
10.13.2006
Por razones personales - el 31-08, día anterior a nuestra salida, se casaban unos amigos en León - partimos desde esta ciudad en lugar desde La Coruña. Esto nos permite ser un poco más ambiciosos a la hora de planificar el trayecto y con esas programamos llegar a dormir a Girona.
El recorrido es bastante largo para hacerlo en un único día así que a pesar de la boda del día anterior madrugamos para salir antes de las once de la mañana del hotel, que por cierto es la Hospedería Fernando I (Carretera de los Cubos, Nº 32 - 24007 León), un alojamiento acogedor y con un precio interesante.
Tomamos la autovia en dirección Burgos y allí, como ya preveíamos, tardamos más de media hora en cruzar el centro urbano hasta incorporarnos a la autopista al País Vasco y coger la desviación hacia Barcelona. De camino paramos en la propia autopista para comer y adelantar en lo posible la llegada a Girona.
Finalmente llegamos a nuestro hotel sobre las siete de la tarde. En un principio nuestra intención era alojarnos en Bellmirall, establecimiento calificado como "con encanto" en plena barrio judío. Al estar ocupado en el momento de hacer la reserva (un mes antes del viaje) optamos por el Hotel Peninsular, algo más caro, cerca del casco histórico con la ventaja de mayor facilidad de aparcamiento que es un dato a tener en cuenta.
Como no teníamos demasiado tiempo nos tenemos que conformar con bajar a cenar y dar una vuelta para ver un poco la ciudad, principalmente el barrio judio. Casualmente para cenar optamos por Café Le Bistrot (Pujada Sant Doménec, 4 - 17004 Girona), local popularizado posteriormente en la película Soldados de Salamina. El local está bien para picar o cenar a buen precio a base de amanidas (ensaladas) o tostas de pagés, por ejemplo.
Con tan poco tiempo y la noche encima, nos quedamos con las ganas de visitar alguno de los monumentos de la ciudad, así que nos conformamos con callejear por la zona peatonal cercana al hotel y cruzar al otro lado del Ter para pasear por los soportales, subir por las escalinatas que llevan a lo alto de la ciudad y tomar un café antes de acostarnos en alguna de las terrazas de las numerosas plazuelas del barrio judio.
En tan poco tiempo al menos nos hacemos una idea de Girona, que nos resulta muy acogedora y tranquila. Sin duda es una ciudad muy recomendable y probablemente un día sea suficiente para visitarla.
Recomendación: Ya que Girona se ve bastante rápido, si se viaja con tiempo no está de más acercarse a la Costa Brava y completar la visita con Figueres o Cadaqués.
Girona - St. Tropez
Iniciamos el día desayunando pan con tomaté, ya que estamos en Cataluña, y café intentando salir temprano porque hasta la siguiente parada nos quedan más de 500 kilómetros. Así que nos ponemos en marcha, cruzamos la frontera y sin demasiado tráfico, debido principalmente a la calidad de las autopistas francesas, hacemos el viaje de tirón. Únicamente paramos para echar gasolina y comer algo.
Para desviarnos hacía St. Tropez, tomamos la salida de la autopista a Ste. Maxime y desde allí recorremos 20 kilómetros por una carretera secundaria hasta el hotel que está en la misma localidad, a unos pocos kilómetros de St. Tropez. Según vamos bajando por la carretera nos damos cuenta de la suerte que hemos tenido al cruzar ese día porque los pinares que la rodean están totalmente quemados y por tanto dos días antes hubiese sido imposible cruzarla.
La carretera nos deja en el mismo Sainte Maxime, al lado del mar, así que siguiendo la linea de la costa en dirección a St. Raphael buscamos el hotel, al que llegamos a eso de las cuatro por lo que decimos pasar el resto de la tarde en la playa. El hotel pertenece a la cadena Logis de France, pero aunque suelen ofrecer locales rurales de calidad este no es el caso así que ni lo mencionaremos.
Aunque la costa es muy bonita, a lo que contribuyen las edificaciones que bordean la costa, las playas no son nada del otro mundo. Son pedregosas y estrechas, además es complicado acceder porque la mayoría son privadas.
Por su parte Ste. Maxime, es una localidad de veraneo sin ningún interés. El centro neurálgico es el puerto deportivo del que sale un puerto deportivo no muy amplio. Lo realmente interesante es hacer un recorrido en coche, siguiendo toda la costa, desde St. Raphael hasta St. Tropez y parar aquí para dar una vuelta a pie.
St. Tropez no es demasiado grande, la fama se debe a la cantidad de mansiones que los famosos han construido en los alrededores. Si a alguien le interesa desde el puerto salen excursiones en barco que te las indican y te informan de a quien pertenecen.
Las dos zonas de interés de la localidad son el puerto deportivo y la zona del ayuntamiento. Nuestra alternativa es en primer lugar buscar aparcamiento, de pago evidentemente, así que para evitar problemas y no perder tiempo (en la zona alta es más barato pero queda más a desmano) dejamos el coche en el del puerto.
Aprovechamos así que el puerto está rodeado de tiendas, siendo la principal zona comercial con boutiques de las principales marcas de moda, en edificios de no más de tres plantas, coloristas y uniformes, para callejear un rato antes de cenar. En este trayecto no dejamos de ver barcos impresionantes y los primeros Ferrari del viaje.
Para cenar decidimos sentarnos en una de las animadas terrazas de los restaurantes que están al final del puerto, muy cerca del faro. Cualquiera de ellos, a pesar del lujo propio de la zona, no son excesivamente caros si uno se conforma con pasta o algún creppe. Como siempre, lo que acaba encareciendo la cena es la bebida.
Tras la cena, ascendemos por las callejuelas traseras al puerto en dirección a la zona del ayuntamiento. Estas calles son estrechas y tienen su encanto debido a su iluminación tenúe, que proviene de los restaurantes de la planta baja de las casas.
Para finalizar el día nos detenemos en una terraza para observar el ambiente mientras nos tomamos una copa antes de regresar al hotel.
Recomendación: St. Tropez es una localidad para ver o dejarse ver, así que lo mejor es no dedicarle demasiado tiempo a la localidad y en todo caso hacer un minicrucero por la costa, ya que ni las playas son atractivas resultando más agradable tomar el sol en la cubierta de un barco.
St. Tropez - Portofino
Salimos temprano de Sainte Maxime y en lugar de atrevernos a coger la carretera a St. Raphael, ya que no sabemos donde estará la próxima incorporación a la autopista, tomamos la primera entrada por donde accedimos el día anterior. Posteriormente nos damos cuenta que hemos hecho lo correcto ya que la primera opción nos obligaría a hacer todo el recorrido hasta Niza por la costa.
Llegamos así a Mónaco. La primera pregunta que nos hacemos es a quién se le pudo ocurrir la idea de hacer una ciudad en un sitio tan inaccesible. Nada más entrar, a nuestra izquierda aparece un concesionario de Aston Martin, lo que nos da una idea del nivel que nos vamos a encontrar.
Antes de aparcar, es recomendable hacer un circuito en coche por toda la ciudad, a ser posible recorriendo las calles que formar el Gran Premio de Fórmula 1. Destaca la curva de Loews después de pasar cerca del Casino, el tunel que desemboca en el puerto deportivo y la famosa curva de la Rascasse al final del puerto y después de la recta de llegada.
De este modo, sin bajar del coche, se puede aprovechar para acercarse hasta el barrio de Montecarlo y ver así como son los edificios de la ciudad o la playa, ya que esta zona tampoco tiene mucho más interés.
Una vez se ha tomado una primera impresión de Mónaco desde el coche y uno ya se hace una idea de lo más interesante se puede dejar el coche en uno de los aparcamientos y proseguir con la visita a pie. El de Ste. Devote, por ejemplo, está muy bien situado al principio del puerto deportivo.
Partiendo desde Ste. Devote, el recorrido más lógico es pasear por el puerto deportivo en dirección a la Avenue de la Quarantaine. Desde allí subir por las antiguas murallas y llegar hasta el Palacio de los Grimaldi a través de las estrechas comerciales, la mayoría peatonales. Este es el primer núcleo de interés y desde lo alto se obtienen unas buenas vistas de la zona.
Desde el Palacio se baja por la escalinata que lleva otra vez al puerto. Desde allí y por las calles traseras se visita el Mercado y se llega hasta el Casino y el impresionante Hotel Hermitage. Este segundo punto de interés aglutina la zona más lujosa con una proliferación enorme de tiendas de lujo y hoteles de cinco estrellas. Además el entorno cuidado le confieren un aspecto muy agradable. Desde el Casino, una vez hemos completado todo el recorrido, volvemos a bajar al puerto por el otro lado dominado por la fachada trasera del Hermitage para recoger el coche.
De allí, antes de entrar en Italia, paramos en Menton. Para ello tomamos la carretera que sale de Mónaco y subiendo a Ezé seguimos las indicaciones. Es un recorrido recomendable tanto por las vistas como por la posibilidad de conocer los pueblos más pequeños de la Costa Azul como Roquebrune.
La visita a Menton es breve con el propósito de parar para comer. Desde Mónaco se entra por una zona de edificios recientes y siguiendo la linea de la costa se llega a la ciudad vieja. Es recomendable olvidarse del coche cerca del casco viejo, para aprovechar la proximidad, y hacer todo el recorrido a pie. En superficie es bastante dificil aparcar por la proximidad de la playa pero cerca del Ayuntamiento hay un parking subterraneo de un centro comercial donde suele ser fácil encontrar plaza.
Menton cuenta con una playa urbana que de haberlo sabido hubiesemos utilizado. De hecho, al final del día llegamos demasiado tarde para visitar Portofino y Chiavari, localidad donde tenemos el hotel, no tan interesante para bajar a la playa.
La zona más interesante de Menton es la que rodea a la iglesia de St. Michel y por otro lado, más comercial, la zona peatonal próxima al Hotel D´Ville. Una vez visitamos estos puntos y comemos proseguimos viaje, esta vez ya por autopista, cruzando enseguida la frontera para entrar en Italia.
El tramo que va de Mónaco a Génova es sin duda el tramo más desagradable de todo el viaje, incluso hasta llegar a La Spezia; así que hay que tomarselo con calma y prudencia porque las curvas son de vértigo y casi se pasa más tiempo dentro de los tuneles que a cielo abierto. Génova merece mención aparte porque cruzarla es una odisea, tanto por el tráfico como por la innumerable cantidad de viaductos, túneles y tramos peligrosos. Basta decir que el dejar la autopista y tomar la nacional que nos lleva a Chiavari es un alivio. En la salida nos dirigimos desde Rapallo a la costa.
Enseguida se divisa el mar en Santa Margherita, ya en la Riviera Italiana. Como es un poco tarde decidimos hacer una pequeña excursión en coche para tomar un primer contacto con la zona. Santa Margherita es una localidad turistica muy agradable. No tiene el standing de Portofino pero es tranquila y muy bonita. Todo el pueblo está perfectamente ajardinado y los edificios perfectamente conservados.
El recorrido desde allí a Portofino se hace bordeando la costa, rodeada de playas ubicadas en calas bajo mansiones y hoteles impresionantes. Posiblemente el paisaje más bonito y espectacular de todo el viaje.
En sentido contrario, hacia Chiavari desde Santa Margherita, la carretera parece sacada de cualquier película neorrealista italiana; vamos cruzando pueblos por tramos estrechos y sinuosos más apropiados para recorrer en vespa que en coche.
Finalmente llegamos a Chiavari, que es un pueblo de un turismo más popular, afeado por el desarrollismo donde los antiguos palacios renacentistas o las casonas de época se han degradado quitando cualquier interés a la localidad. Eso si, el alojamiento no es prohibitivo como en Portofino así que hemos optado por el Hotel Torino (Corso Colombo, 151 - 16043 Chiavari), para más información en www.hotel-torino.net.
Recomendación:
Es conveniente dejar Portofino para visitar por la mañana (las vistas son mucho más bonitas con esa luz) y aprovechar el recorrido para detenerse en Ezé, Roquebrune y Menton con más detenimiento. Si se quiere disfrutar de la playa la de Menton es una buena opción. En cuanto al alojamiento, sin ninguna duda es recomendable buscar en Santa Margherita, pero hay que hacerlo con mucha antelación porque no es barato y es dificil encontrar ofertas al estar prácticamente al lado de Portofino donde es prohibitivo.Portofino - Florencia
Decimos madrugar y volver a Portofino para dar una vuelta por la localidad y conocerla a fondo. La idea es coger posteriormente la autopista en Rapallo para tomar dirección Florencia con las escalas que hemos planeado.
Madrugar para ver Portofino es una buena idea por dos razones. La principal el aparcamiento y la segunda el evitar las aglomeraciones, que se perciben en mayor medida en una localidad tan pequeña. Lo del aparcamiento es el inconveniente generalizado de toda esta zona turística y en este caso todavía más porque casi no hay plazas. Las pocas que hay están reservadas para residentes así que no queda más remedio que dejarlo en el único parking, a la entrada de Portofino. Para hacerse una idea, en su momento dos horas de aparcamiento nos costó nueve euros.
Tras dejar obligatoriamente el coche en el aparcamiento se entra por la calle principal, que tampoco es demasiado ancha, donde se encuentran la totalidad de las tiendas de firmas de moda más importantes y exclusivas, con el toque pintoresco de ser pequeños locales en lugar de las megatiendas que estamos acostumbrados a ver en las ciudades importantes.Esta calle desemboca en una plazuela frente al embarcadero, que es exactamente el mismo que se puede ver en cualquier población pesquera. La prolongación del embarcadero hace las veces de puerto pero su pequeño tamaño no permite fondear un número elevado de embarcaciones. No obstante, las pocas que había ese día eran impresionantes.
El recorrido por el puerto y aledaños se hace rápido porque a no ser que se quiera curiosear en las tiendas no hay mucho que ver porque es realmente pequeño. Así que tras dar una vuelta decidimos dar un paseo hasta el faro y de paso visitar el Castello Brown (entrada 3,50 euros). Más información en www.portofinoevents.com.
El camino al faro es un sendero en cuesta que deja a un lado Portofino y se dirige hasta la punta de la ensenada que protege al pueblo y que culmina en un faro. El trayecto es muy agradable, transcurriendo rodeado de árboles y salpicado por las mansiones que pueblan toda esta zona.
En lo alto del sendero se encuentra el Castello, visita que merece la pena hacer simplemente por las fotos que se pueden obtener desde sus murallas ya que las vistas son realmente preciosas. De ahí al faro todavía queda una tirada pero se hace sin dificultad porque a partir del Castello el recorrido no tiene desniveles.Desde el faro emprendemos el camino de regreso y después de tres horas de visita nos ponemos en camino otra vez haciendo una breve parada en Santa Margherita. Breve porque antes de llegar a Florencia aún tenemos previstas varias paradas.
Después de tomar la autopista la siguiente parada es Viareggio, que de algún modo es la playa de la Toscana. Es la localidad de veraneo más mportante de la zona y como tal su interés cultural es reducido. Destacan las construcciones de principios de siglo, vestigio de la época de mayor esplendor de la localidad, que aun se conservan hoy y la disposición urbanística que la hacen cómoda para el tráfico a pesar de su tamaño.
Desafortunadamente el litoral compuesto por una larga franja de playa es de uso privado y las calles se encuentran bastante descuidadas; en mayor medida si se va accediendo a las calles traseras. En definitiva es una escala totalmente obviable.
Nuestra siguiente escala en el día de hoy es Pisa, a donde llegamos ya para comer. Desde Viareggio el trayecto es corto y por autopista. Además como Pisa no es demasiado grande es sencillo entrar en ella con el coche y aparcar en el centro.
Nosotros optamos por dejarlo de la zona comercial para desplazarnos andando hasta el conjunto artístico de su Torre. De este modo nos hacemos también una idea de cómo es la ciudad. Realmente Pisa se ciñe a ese conjunto y una vez se ha visto la Torre, el Baptisterio y el Duomo poco más hay que ver. No obstante, como vamos con tiempo suficiente nos lo tomamos con tranquilidad y al regresar al coche aún hacemos una parada para callejear por esa zona en un agradable ambiente universitario ante el inicio del curso.
Tras un café emprendemos de nuevo la marcha en dirección a Lucca. Esta vez pasamos de la autopista y hacemos el camino por una nacional para disfrutar más de cerca del paisaje de la Toscana.
Ver Lucca lleva su tiempo, al menos un día entero y es una de las visitas más recomendables de este viaje. Como no disponemos de tanto tiempo nos conformamos con visitar sus principales puntos de interés. Afortunadamente no es demasiado complicado orientarse gracias a las murallas que la rodean así que nos facilita la labor.
Mediatizados por el lugar en donde hemos dejado el coche iniciamos el recorrido en Via Calderia para acercarnos a una de las principales calles de Lucca, Via Vittorio Venneto, al principio de la cual se encuentra la casa que habitó Puccini. Al final de esta calle, ya en la Piazza Napoleone, está el Palazzo Ducale, antiguo hogar de los gobernadores de la ciudad.
Proseguimos por la Piazza del Giglio y Via del Duomo para llegar hasta la Piazza San Martino donde se encentra la catedral del siglo XI con su fachada de mármol enfrente del Museo dell´Opera della Cattedrale. Tomamos posteriormente dirección hacía Via San Anastasio donde nos encontramos con uno de los símbolos de Lucca: la Torre dei Guinigi.
Via San Anastasio se une con Via Sant Andrea y desde esta se accede a Via Fillungo, que junto con la adyacente Vía Roma, forma la zona de tiendas más importantes de la localidad. Finalizamos la visita en Piazza San Michele que alberga varios de los palacios renacentistas construidos en la ciudad.
Con el dia prácticamente agotado ya solo nos queda volver a montarnos en el coche para dirigirnos a nuestro final de etapa en Florencia, en dónde este día solo nos dará tiempo a dar una vuelta por las inmediaciones del hotel después de cenar.
Recomendación: Una idea para visitar Lucca es alquilar una bicicleta y recorrer sus murallas, lo que permite una mejor perspectiva de esta ciudad.
Florencia
A posteriori, tras visitar Florencia, llegamos a la conclusión que ésta se ve con tranquilidad en dos días. Sin embargo, tal y como hecho nosotros, se puede hacer de forma un poco más apurada en uno y dejar otro para visitar Siena y San Gimignano, aprovechando la vuelta en coche para ver la parte de la ciudad que está al otro lado del Arno.
Florencia es una ciudad bastante grande pero afortunadamente la mayor parte de los puntos de interés están próximos, dentro del casco histórico. Esta ventaja es un inconveniente si se lleva coche. En este caso la mejor opción es buscar un aparcamiento privado, ya que los públicos están próximos a la estación de tren y la seguridad baja enteros. Una alternativa, en pleno centro monumental es el Garage Nazionale en Via Nazionale, 21. (2 días enteros: 49 euros).
A la hora de planificar la visita y para rentabilizar esfuerzos es conveniente dividir la ciudad en itinerarios y ajustarlos al tiempo disponible. Sitúandonos en el callejero de Florencia, de izquierda a derecha y de arriba a abajo la primera zona a visitar sería el entorno de Santa María Novella. La visita a Santa María Novella es imprescindible y en menor medida el Ognissanti y la plaza en la que se ubica.
El itinerario más interesante por la cantidad de sitios de interés que aglutina es la zona próxima al Duomo. Próximo a él se halla el mercado de San Lorenzo y hacia abajo, en dirección al Arno, vamos encontrándonos con el epicentro de la ciudad: la Piazza della Republica, la Piazza della Signora y la Galería Uffisi y a su izquierda el Ponte Vecchio. Como curiosidad, detrás del Duomo está el Museo de la Opera S. Maria del Fiore donde se puede ver la "otra" Pietá de Miguel Angel (la más conocida está en San Pedro en el Vaticano). La entrada costaba seis euros.
La margen derecha ofrece como valor más importante la Santa Croce y más arriba el templo judio y sobre todo la Santa Annunciata. La Santa Croce es el panteón nacional italiano y su visita es inexcusable. En ella descansan Miguel Angel, Maquiavelo, Galileo y Dante, entre otros.
La última zona está al otro lado del río donde se puede visitar el Palacio Pitti y sus impresionantes jardines y el Santo Espirito.
Por último quedaría por subir hasta la Piazza Michelangello para observar las vistas de la ciudad y sobre todo la pequeña iglesia de San Miniato al Monte, que sigue pareciéndome la iglesia más bonita que he visto en mi vida.
Recomendación: Buscar alojamiento en el centro. Resulta mucho más caro pero se aprovecha mejor el tiempo, ya que la red de transporte no es tan amplia como en Roma, por ejemplo.
Florencia - Siena
Una vez en Florencia, Siena se encuentra a 74 kilómetros por autovía y a mitad de camino la parada obligada es San Gimignano, que es un pequeño pueblo que todavía conserva su aspecto medieval. La entrada a la localidad está prohibida en coche así que éste hay que dejarlo en cualquiera de los aparcamientos que se encuentran cerca. Como la distancia no es mucha es recomendable hacerlo en el primero disponible para evitar atascos.
Se entra por la puerta de la muralla en Via San Giovanni, la calle más comercial, y desde allí se va ascendiendo hasta la bonita Piazza della Cisterna, que recibe el nombre del pozo que está en su centro. A un lado está el Palazzo del Popolo, impresionante edificación del Ayuntamiento, ya en la Piazza del Duomo donde también se alza el Palazzo Vecchio.
Ascendiendo desde la Piazza del Duomo se encuentra la Via San Matteo, que tiene la particularidad de ser la calle en la que se abastecen los vecinos de la ciudad de vinos, alimentos o ropa. Perpendicular a ella está Via Diacceto, puerta de acceso a la Rocca, parque dentro de la muralla en el que en la actualidad se organizan diversos espectáculos y desde el que se obtienen unas bonitas vistas de la campiña de la Toscana.
Pero lo más característico de San Gimignano son las torres que todavía se conservan, símbolo del poder de sus anteriores dueños, siendo hoy la más conocida la Torre Grossa, encima de la Via della Costerella.
Continuamos posteriormente, una vez visitado San Gimignano, hacia Siena. Antes que nada debemos mentalizarnos que visitar Siena implica bajar y subir continuamente cuestas. A modo de curiosidad, en este sentido, comentar que al igual que Roma se edificó sobre siete colinas y que cada uno de sus barrios está representado por un animal.
Puestos en esta tesitura, casi recomendaría aparcar casi a la salida de la autovía y desde allí llegar andando entrando por la Via della Galluza dejando atrás el lavadero comunal y la casa de Santa Catalina.
Como comentamos, entramos por Via della Galluza desde donde ya observamos los característicos corredores que unen los edificios por encima de las calles, al estilo del Puente de los Suspiros de Venecia. Proseguimos por Via della Cittá, justo detrás de la Piazza del Campo, y continuando por Via dei Pellegrini llegamos a Piazza San Giovanni que va a dar a la parte trasera del Duomo. Así que para acceder al mismo continuamos por su lateral hasta llegar a su fachada principal en la Piazza a la que da nombre y observaremos que las calles que circundan esta plaza están llenas de cafés y tiendas.
Si desde allí proseguimos por Via del Capitano volvemos a acceder nuevamente a Via della Citta por la que accedemos al centro neurálgico de Siena, la Piazza del Campo en donde destacan la Loggia della Mercanzia, de 1417 y donde realizaban sus negocios los mercaderes y prestamistas; el Palazzo Piccolomini y la Torre del Mangia.
Podemos proseguir por las calles que bordean por detrás la Piazza del Campo para llegar a la Piazza del Mercato, desde donde hay unas buenas vistas, por Via di Salicotto, Via del Porrione para ver las Logge del Papa, en honor de Pio II en 1462 y finalizar la visita por Via Bianchi di Sopra y la Piazza Indipendenza.
A la vuelta, una vez llegamos a Florencia, aprovechamos para desviarnos a la Piazza Michelangello y visitar San Miniato al Monte y las murallas. Además probablemente nos coincidirá con la puesta de sol y os daréis cuenta, además de la vistas de la ciudad, del agradable ambiente que existe en esa zona.
Recomendación: San Gimignano es un buen sitio para comprar productos típicos como vino, Chianti preferentemente, embutidos e incluso ropa. Zadi es un ejemplo de buena relación calidad/precio si uno pretende comprar camisas italianas.
Florencia - Venecia
Partimos por la mañana en dirección Bolonia, Ferrara y Padova para acercarnos a Venecia. El trayecto no ofrece demasiadas alternativas para hacer alguna visita en su recorrido así que lo hacemos del tirón para llegar a comer a Venecia.
La única opción es desviarse en Bolonia hacia Ravenna para visitar esa ciudad y proseguir por la costa por una carretera secundaria. Tras evaluar la opción y considerar lo apretado que estamos de tiempo ya que solo tenemos ese día para ver Venecia optamos por la opción rápida.
Siguiendo este trayecto la mejor opción para embarcar para Venecia es tomar el vaporetto en la estación de Fusina. Alli se deja el coche en un aparcamiento privado y se coge el barco hasta Zattere, en Venecia. Coste nueve euros.
Zattere queda bastante a desmano, lo que obliga a hacer un trayecto importante andando hasta San Marco. Lo que parece un recorrido tedioso se convierte en una excusa para visitar las tiendas más alejadas y donde se pueden hacer compras interesantes. Un ejemplo: Ruby Gallery (San Polo, 18).
Ya en San Marco se puede planificar la visita a la ciudad marcando en el plano como referentes el edificio de la Bienal, Rialto y la Estación de Santa Lucía. Entre esos cuatro puntos concentramos los trayectos ya que delimitan la zona turística y por la edificación particular de Venecia conviene olvidarse de seguir itinerarios preestablecidos.
En la Estación de Santa Lucía, sino queremos volver andando, se puede coger un taxi que nos lleva por el Gran Canal si queremos hasta su desembocadura cerca de la iglesia de Santa Maria de Salute. Además no resulta caro y menos si somos un grupo.
La cita inexcusable es la Basilica de San Marco así que es conveniente comprar previamente la entrada por internet debido a que hay horarios establecidos. Planificando de esta manera se ahorra mucho tiempo e incluso se puede aprovechar para hacer de un tirón una visita al Palazzo Ducale.
Con tiempo, otra opción es visitar la isla de Murano, lo malo es que implica desplazarse hasta Fondamenta Nuove, a bastante distancia de Rialto (uno de los límites que nos habíamos marcado) para coger la embarcación en el Canale delle Fondamenta Nuove hasta la isla.
En cuanto al alojamiento existen dos opciones: dentro de la ciudad o en los pueblos cercanos. A no ser que se vaya con coche es mejor hacerlo dentro de Venecia porque se aprovecha más el día ya que ciertos vaporettos tienen el último viaje de vuelta bastante temprano.
Nosotros al ir con coche nos alojamos en Rosalina Mare (localidad y opción que no recomiendo en absoluto), al tener que descartar opciones más interesantes del mismo estilo como Lido di Gessolo al estar completa la oferta hotelera.
Recomendación: Dormir en el centro de Venecia y poder disfrutar de la cena en la ciudad, preferiblemente en una terraza con vistas al mar.
Riva de Garda - Sportorno
Esta es una jornada de transición para acercarnos a la Costa Azul sin tener que hacer demasiados kilometros del tirón y de paso tomarnos un día de descanso. Con este motivo decidimos llegar hasta la Riviera Italiana y después de dejar las cosas en el hotel pasarnos el resto del día en la playa.
Aprovechamos el trayecto por carretera para tomar una ruta alternativa, así que la vuelta la hacemos por el margen izquierdo del lago. Comentar que el recorrido es más incómodo porque la carretera, al estar más pegada a la montaña, tiene muchos más túneles y menos espacios para adelantar. No obstante merece la pena para conocer en profundidad el lago. En este lado las localidades más destacables para hacer una parada son Limone sul Garda, Gardone y sobre todo Desenzano.
Ya en Desenzano cogemos la autopista en dirección a Alessandria bajando hasta la Riviera Italiana evitando afortunadamente Génova. Así que pasada Génova, con el consiguiente alivio a la hora de conducir, llegamos a Spotorno.
Spotorno no queda lejos de San Remo, para el que lo quiera visitar, lo que facilita el trayecto al dia siguiente a Niza. Es una localidad que no está mal para pasar el día pero a la que tampoco puede pedirsele mucho más que su playa. Si se opta por pasar la noche en la localidad una alternativa económica es Hotel Giongo en Via Garibaldi, 115 - 17028 Spotorno.
Así que como avancé, pasamos el resto del día en la playa y posteriormente dando una vuelta por el centro hasta la hora de cenar, aprovechando para comprar algún producto gastronómico a buen precio en Il buongustaio en Via Siccardi, 3.
Recomendación: Prestad atención al desvio en Alessandria para tomar la variante de la autopista que evita Génova. En caso contrario esta finaliza en la propia ciudad con lo que hay que volver a cruzarla para volver.
Venecia - Riva de Garda
Iniciamos el trayecto tomando la autopista en dirección a Verona y Vicenza. En función del tiempo disponible y de la hora en la que emprendamos el viaje podemos desviarnos en la autopista y coger la salida a Verona para visitar la ciudad, ya que aparte de la Arena, tiene otros muchos atractivos turísticos.
En caso contrario seguiriamos por la autopista y recomendaría salir en Affi para llegar hasta Riva del Garda bordeando el Lago de Garda por su margen derecha. Desde Affi bajamos hasta la localidad de Garda, que es el primer pueblo que se divisa al borde del lago. Es una pequeña localidad plagada de callejuelas con un bonito paseo enfocada a aprovechar el turismo del lago (deporte naútico, excursiones, ...) y bien merece hacer un alto en el camino para hacernos una idea de la zona.
Desde Garda la carretera va dejando atrás las localidades de Torri del Benaco, Castelletto, Malcesine. Todas muy similares y con las mismas facilidades para disfrutar de playas fluviales y de los deportes naúticos. A pesar de ser una carretera secundaria, el paisaje del lago y los Dolomitas al fondo hacen que el recorrido se haga muy llevadero. Además no hay demasiado semáforo que ralentice la marcha.
Finalmente alcanzamos nuestro destino en Riva del Garda, que es un pueblo con vocación montañera al pie de los Dolomitas de un tamaño importante y de un precio más que razonable a pesar de ser bastante turístico. Para dormir una recomendación es Albergo Rudy en Via San Nazzaro, 81 - 38066 Riva del Garda. Más información en www.hotelrudy.com
Los alrededores son muy bonitos con la posibilidad de hacer numerosas excursiones por la cantidad de rutas de senderismo que se encuentran. Entre las opciones a tomar merece la pena seguir un poco más en el coche y subir hasta Arco para ver el pequeño lago que se encuentra allí.
En cuanto a la visita propiamente dicha de Riva del Garda basta con pasear por sus calles y disfrutar del ambiente de las terrazas. Es una localidad tranquila y estupenda para descansar, ya que cuenta en el centro con paseo y playa fluvial bastante amplia, embarcadero para hacer excursiones por el lago o coger el ferry para ir hasta la otra punta, facilidades para senderismo y alpinismo y sobre todo que ni es ruidosa ni hay demasiado tráfico. Además está muy bien conservada con edificios interesantes, consérvandose todavía vestigios de su época medieval en el Palacio Petrorio, la torre o la iglesia parroquial.
Recomendación: Perder algo de tiempo visitando de camino Verona ya que el interés del lago se basa en su paisaje a no ser que se quiera pasar unos días en la zona. Por tanto no tenemos prisa por llegar a Riva del Garda, que no lleva demasiado tiempo ver en profundidad.
Spotorno - Niza
Para llegar a Niza debemos tomar la autopista y dejarla en la salida a Mónaco. Desde allí las indicaciones nos van orientando por la carretera de montaña que va cruzando Roquebrune, Eze y Cap-Ferrat.
Si a la ida no tuvimos la oportunidad de ver estas localidades podemos aprovechar ahora. Roquebrune es una localidad pequeña que se atraviesa bajando desde Mónaco, con unas vistas impresionantes sobre la Costa Azul.
Ezé es un pueblo similar, con muchas calles en espiral que convergen en la iglesia o en el castillo. Conserva su carácter medieval con casas sencillas, calles angostas llenas de escaleras y pórticos. Es realmente bonito.
Cap-Ferrat no merece la pena. Hay que desviarse para entrar en él y es una especie de península en la que transcurre una carretera que va dejando a ambos lados mansiones que ni siquiera se ven detrás de los muros que las cierran.
Finalmente, Villefranche sur Mer, que es la localidad donde nos alojamos, es el puerto de trasatlánticos de Niza. Está en el otro lado de la península que marca el límite de la ciudad. Tiene unas bonitas vistas de la bahía y del castillo que se ubica prácticamente en su centro geográfico. Alojamiento muy económico en Hotel Patricia en Ave de l´Ange Gardien - 06230 Villefranche sur Mer.
Como habréis deducido la siguiente localidad después de Villefranche sur Mer ya es Niza y por no variar es prácticamente imposible encontrar aparcamiento así que no queda más remedio que dejarlo en un parking privado. La mejor opción es en el del Palais de la Mediterranee porque deja una mitad de la ciudad a cada lado lo que facilita la visita a pie.
En Niza no conviene dejar de subir al Château de la Tour para divisar desde allí Port Lympia y la bahia de Villefranche sur Mer con Cap-Ferrat al fondo. Al otro lado también se tienen vistas sobre el Quai des Estats-Unis y la playa urbana que lo bordea. Realmente son unas vistas espectaculares.
Para pasear, la mejor zona es el citado Quai des Estats-Unis hasta el Hotel Negresco y el espacio que va desde la Avenue de Verdun hasta Place Garibaldi, que es la zona más comercial de la ciudad.
Para callejear, sin duda, el Niza antiguo y las terrazas de Cours Saleya justo cuando todavía se puede visitar el mercado de flores que se instala allí todos los días.
Otra zona interesante la forma los edificios próximos al Parc Imperial donde se edificó la Cathedrale de Saint Nicolas. También merece la pena visitar la iglesia ortodoxa.
Recomendación: Para cenar una terraza de Cours Saleya.
Niza - Montpellier
El trayecto hasta Cannes, sino hay mucho tráfico, se hace mejor por la costa. De este modo tenemos la oportunidad de visitar algunos pueblos costeros. Lo malo es que si se hace en agosto esto es imposible a riesgo de eternizarse haciendo todo el recorrido en caravana.
El primer pueblo importante es Antibes. En él hay un museo Picasso bastante importante y todavía quedan restos de las antiguas murallas. La visita, a no ser que se entre en el museo, no lleva demasiado tiempo. Aprovechamos para dar un paseo desde el casco viejo con su mercado y callejuelas hasta el paseo marítimo donde está una bonita playa.
Continuamos hasta Juan-les-Pines y desde el coche se ve el paisaje que forma el Cap d´Antibes. Son unas vistas impresionantes hasta Golfe Juan pero no encontramos ninguna localidad donde merezca la pena parar.
Enseguida llegamos a Cannes, donde es mejor buscar donde aparcar por el centro, ya que es una ciudad grande y´así nos ahorramos una caminata sin sentido. Nosotros lo hacemos cerca del Hotel Carlton, aprovechando para recorrer La Croisette hasta Le Suquet, el puerto del Cannes viejo.
Hasta llegar allí lo más relevante es la zona del Palacio de Congresos y el edificio del Hotel Carlton. El centro, cercano a este hotel, es la zona de tiendas mientras que la de Le Suquet es más tranquila y más agradable para tomar algo.
Saliendo desde Le Suquet se pasa delante de las impresionantes villas, como Villa Alexandra, y en seguida se coge la incorporacion a la autopista en dirección a Montpellier. Lo hacemos por la tarde después de comer para llegar a cenar a nuestro destino.
Optamos por Montpellier porque fuera de las ciudades de la Provenza, que todavía quedan bastante lejos de Zaragoza (final de nuestra siguiente etapa) es la opción más agradable. Recordemos que Montpellier es una ciudad universitaria y muy comprometida con el medio ambiente. Por ejemplo tienen un sistema de tren ligero modélico al igual que el resto de su red de transporte. Al entrar en la ciudad lo que más llama la atención es el interés por los servicios públicos que son de auténtico lujo.
Además, la ciudad está muy bien conservada destacando la Plaza de la Opera. Las calles están formadas por antiguas mansiones que hoy rehabilitadas son edificios de viviendas. Todo el centro está perfectamente ajardinado y proliferan los adornos florales en la mayoría de las calles.
Recomendación: La Plaza de la Opera es el centro neurálgico de Montpellier. Hay innumerables locales para cenar y tomarse posteriormente una copa. Al ser una ciudad universitaria suele haber ambiente cualquier día de la semana.
Montpellier - Zaragoza
10.09.2006
Con más de 630 kilómetros de trayecto iniciamos temprano la jornada con el propósito de llegar a Zaragoza a una hora prudencial y poder, al menos, disfrutar de la tarde. Para ello accedemos a la autopista y sin mayor problema nos vamos acercando a territorio español por la frontera francesa de La Junquera. Hasta ese momento la única complicación es el viento racheado que sopla insistentemente desde Montpellier, cosa habitual en la zona, por cierto.
Cerca de Barcelona se toma la AP-2 en dirección a Lleida y las indicaciones van marcando el recorrido a Zaragoza, a la que llegamos más o menos a la hora de comer. Como curiosidad señalar que coincidimos con una etapa de la Vuelta Ciclista a España, con lo que encontrar hotel se convirtió en un imposible al no haber reservado con anterioridad. Afortunadamente los amigos que tenemos allí hicieron las gestiones para encontrarnos alojamiento finalmente en Hotel Delicias con entrada por la calle Sangenis y el Paseo de Calandra. Elección económica y fantástica por la situación en función de lo planeado. Recomendable por el trato y las instalaciones.
Después de una comida rápida nos dirigimos paseando hacia la zona del Paseo de Independencia y zona comercial y posteriormente al casco histórico de la ciudad. De todos es conocido el interés cultural de Zaragoza y sus puntos de interés por lo que no entraré en más detalles.
De este modo transcurrimos la tarde hasta la hora de la cita con nuestros amigos maños. Cita que, gracias a su amabilidad, transcurrió entre cañas de Ambar y posterior cena acompañada de Enate, vino D.O. Somontano.
Recomendación: Una parada en Zaragoza implica una visita obligada a la zona histórica, tapeo y aprovechar para tomar una de las cervezas más ricas que se hacen en España: Ambar o un vino de D.O. Somontano; por ejemplo Enate, Señorío de Lazán (si todavía se encuentra alguna botella) o Gran Vos.
Zaragoza - La Coruña
10.05.2006
Sin otra intención que regresar a casa iniciamos la última jornada del viaje relativamente temprano ante la previsión de más de siete horas de carretera y 800 kilómetros que todavía nos quedan por delante. Aproximadamente sobre las nueve de la mañana salimos del hotel y siguiendo las indicaciones pertinentes nos incorporamos a la autovía en dirección Logroño.
Afortunadamente, como hemos comprobado a la ida, todo el trayecto se hace por autopista o autovía, siendo Burgos el único punto negro al tener que cruzar el centro urbano. No obstante, más adelante nos enteramos que existe una desviación por una carretera local que permite circunvalar la ciudad y por tanto evitar los atascos del centro. Cruzar Burgos desde la salida de la autopista a Vitoria hasta tomar la autovía a León puede llevar tranquilamente tres cuartos de hora y Dios nos libre que nos coja en medio de un puente o en una operación salida y/o retorno.
Sobre las dos de la tarde nos encontramos a la altura de Astorga por lo que hacemos un alto en el camino para comer y descansamos algo antes de reanudar el viaje. Astorga no es mal sitio para aprovisionarse de embutidos antes de regresar a casa.
Ya en la A-6, sólo nos quedan unos 300 kilómetros para llegar a destino, que finalmente alcanzamos sobre las seis de la tarde sin mayor complicaciones dando por terminado este periplo de más de dos semanas en coche.
Tan solo este día hemos hecho aproximadamente 805 kilometros en unas siete horas y media.
Recomendación: No está de más, aprovechando el recorrido, desviarse en La Rioja un poco para aprovisionarse de vino en alguna de sus bodegas y parar ya en la provincia de León para comprar cecina o cualquier tipo de embutido. Después de tanto tiempo fuera de casa, al menos solucionamos el problema de la cena para ese día.








